La calidez empática como herramienta, no como fin
La calidez no es un adorno humanitario: es una condición de posibilidad del trabajo. Sin ella no hay alianza, no hay confianza, no hay material. Pero su función es crear el marco donde el paciente puede desplegarse, no satisfacer una necesidad relacional del terapeuta.
Indicadores de calidez empática sana:
· Está regulada por la necesidad del paciente, no por el estado del terapeuta.
· Es asimétrica: el terapeuta cuida, el paciente es cuidado.
· Tolera la frustración y el dolor sin apurarse a calmarlos.
· No promete más de lo que el encuadre permite.
· Se retira cuando ya no es necesaria, sin resentimiento.
La sobreinvolucración: cómo se disfraza
La sobreinvolucración rara vez se presenta como tal. Suele hacerlo como virtud:
"Estoy muy disponible" → horarios extendidos, mensajes fuera de sesión, flexibilidad permanente del encuadre.
· "Me importa mucho" → pensar en el paciente todo el tiempo, soñarlo, angustiarse entre sesiones.
· "Quiero ayudarlo de verdad" → necesidad de resultados rápidos, de ser el terapeuta que lo salva.
· "Soy cálido" → dificultad para sostener la frustración, la agresión o el silencio.
· "Respeto su ritmo" → evitar la confrontación por miedo a perder el vínculo.
Considero que las redes sociales sí están redefiniendo nuestra identidad, porque actualmente muchas personas muestran en internet una versión de sí mismas que desean que los demás conozcan. Sin embargo, también reflejan parte de nuestra personalidad, intereses y forma de pensar. El problema aparece cuando empezamos a preocuparnos demasiado por la aprobación de los demás y dejamos de ser auténticos. No creo que hayamos perdido completamente la capacidad de conectar en el mundo real, pero sí necesitamos encontrar un equilibrio entre la vida digital y las relaciones cara a cara.